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Carlos Velázquez Martínez

32 millones viven en zonas de riesgo / ¿De quién es la culpa?

Ciertamente contra la furia de la naturaleza no se puede responsabilizar a nadie en particular, pues los fenómenos que produce son siempre caprichosos, no se sabe dónde van a ocurrir, ni a quién van a dañar; pero de la magnitud de los daños si se pueden localizar culpables.

Decimos esto, encharcados radioescuchas, porque al hacer una evaluación de daños en las zonas afectadas por el huracán, salen a relucir actos de corrupción por permitir asentamientos humanos en zonas peligrosas como las márgenes de los ríos o en las orillas de cerros donde se reblandece la tierra Por las lluvias.

Ya lo decíamos la semana pasada, que de acuerdo a un informe del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), se considera que en el país hay 32 millones de personas que viven en zonas de riesgo, en lugares inestables, principalmente en estados de las costas del Pacífico y del Golfo. Es decir que hay miles de familias viviendo en márgenes de los ríos, lagos y lagunas.

Ustedes me dirán, reflexivos radioescuchas, que esos núcleos de población a la orilla de los ríos son por la necesidad de contar con agua elemental líquido para vivir. Están en lo correcto.

Pero, también esos asentamientos crecen por las condiciones de pobreza de miles de familias, que al no tener un poder adquisitivo para una vivienda digna en las ciudades urbanas, improvisan sus viviendas en lugares inestables del país haciendo vulnerables sus hogares,

Seguramente ustedes lo habrán observado en las imágenes de televisión o en medios impresos que la mayor parte de los perjudicados por las inundaciones ocurren en las riberas, cerros y montañas.

Y es que no hay una planeación para el desarrollo de los centros urbanos, porque no se respetan los reglamentos de construcción que recomiendan los colegios de ingenieros o de arquitectos. Año tras año se pronostican no menos de 30 ciclones y huracanes tanto en el Golfo como en el Pacífico. Se anuncian con mucha anterioridad los fenómenos naturales y hasta se dan el lujo de bautizarlos con nombres propios.

Sin embargo, repetimos, la población no tiene la cultura de la prevención porque los comunicados de advertencia no son consultados a pesar de que muchos medios de comunicación los difunden con oportunidad.

En estos días en que han ocurrido fenómenos naturales, hemos leído y escuchado, críticas porque a los habitantes no se les advirtió de la llegada de los huracanes. Es incorrecto, irritados radioescuchas. Porque si revisan la hemeroteca se darán cuenta que hay informes constantes de la Conagua sobre almacenamiento de las presas, del aumento del cauce de los ríos y de recomendaciones para evitar consecuencias lamentables.

Por otra parte, hay municipios que no cuentan con una Unidad de Protección Civil, a pesar de que es una recomendación del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred).

De los 2 mil 457 municipios que tiene la República Mexicana, solamente 23 municipios cuentan con un atlas o mapa de riesgos. Aunque, el 95 por ciento de ellos reporta que si lo tienen, pero no aparecen como tales, pues solamente tienen una oficina, con dos o tres personas y pocos recursos para atender una emergencia. Y debemos señalar que los municipios son las primeras autoridades que atienden una incidencia en casos de un fenómeno natural.

Entendemos que los municipios no cuentan con recursos suficientes, pero, según el Cenapred, más del 60 por ciento de los municipios no considera la materia de prevención como algo prioritario y no lo incluyen en sus presupuestos, a pesar de que se localizan en entidades costeras, con crecientes de ríos o cerca de cerros y volcanes.

En Sinaloa, el municipio más avanzado en materia de prevención es la capital de Culiacán y sin embargo, ya lo vieron: decenas de colonias y varias comunidades se inundaron: pero como dijimos al principio, hay culpables que se pueden descubrir fácilmente.