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Enrique Velázquez Martínez

Comparaciones / Futbol y Política /

Dicen los neosicólogos, los "montessouri", no los conductistas, que jamás a los hijos se les debe comparar. Es decir, si el hijo menor es de menos capacidad intelectual y laboral que el o los mayores, nunca decirle: "aprende de tu hermano, él si hace la tarea, él sí me ayuda en los quehaceres del hogar, él sí se baña todos los días, él saca 10 en todos sus exámenes, él no ensucia la ropa, él no dice palabrotas", etcétera. Ésto, lejos de ayudar al hijo en cuestión, puede resultar contraproducente pudiendo llegar a excesos como un suicidio.

No estoy del todo convencido. Creo que las comparaciones son necesarias para dejar entrever a un individuo, pueblo, nación, grupo social o lo que se quiera comparar, a que tome cartas en el asunto en cuanto al comparativo; a que se "saque la casta", sacar provecho, ser mejor cada día y tener metas cada vez mayores. Como estudiantes de escuela pública, tenemos el deber moral de prepararnos cada día más para no quedar rezagados antes los compañeros de escuelas privadas. Una familia debe, creo, hacer lo que hace otra familia exitosa y que la primera carece; un estado debe hacer lo que su vecino hace bien para que los dos salgan adelante en determinada tarea; un pueblo o nación debe compararse con otra de mejor nivel, tratar de imitarla en sus aciertos para tener mejores resultados.

Sin embargo, siempre he comparado las situaciones de mi país; siempre le he encontrado un parecido asombroso a la política nacional y al futbol mexicano. El parecido es ridículamente asombroso: si me refiero al "TRI", sin decir nombres ni apellidos, puede ser que Manlio Fabio, Chuayffet, Murillo, Camacho Quiroz, Videgaray y el Preciso, dirán que les estoy apedreando el rancho. Aunque también se pondrán el saco los "intelectuales" deportivos y vacas sagradas enquistadas irremediablemente en la Femexfut.

Los que dirigen las riendas del tricolor (¿a veces?) actúan como el burro que tocó la flauta. Nos balbucean que falta una reestructuración en la forma de pensar desde que se es infante, y hacen una revolución (en el sentido estricto de la palabra); consideran cambios en la estructura para enfrentar los retos globales de nuestro país. Entonces, hacen "grandes" inversiones, "escogen a las personas idóneas" despilfarran el dinero (que no tienen) y hacen sus "grandes programas". ¿A quién me refiero, a la política o al futbol?

Los dirigentes de dicha institución, creyendo tener la verdad absoluta, tienen su futuro asegurado económica y materialmente hablando. Su presente político, económico, social y en infraestructura está in-tac-to y sobradamente holgado, y al gremio, quien según ellos lideran, vive en condiciones deficientes. Además de engañarlo y hacerlo creer que tiene acceso a todos los servicios y que pertenece a la próspera clase media... ¿A quién me refiero, a la política o al futbol?

El pueblo siempre tiene su corazoncito. Cree que se pueden componer muchas cosas del tricolor de sus amores; que si se acaba, por fin, la corrupción y cambian algunos o todos los dirigentes; que pongan en los puestos claves personas que realmente tengan capacidad com-pro-ba-da, que desquiten el sueldo y que "suden la camiseta" vamos a tener un país que compita con las grandes potencias... ¿A quién me refiero, a la Femexfut o al Estado mexicano?

Dichos pseudolíderes, engañaobos, menos que mediocres (porque mediocre es mediano y ni siquiera llegan a eso), parásitos y sanguijuelas, eventualmente son sustituidos por otros iguales o peores (todavía se puedes ser peor), y si el ciudadano común piensa que estos ejemplares quedarán en desamparo se equivocan: su jubilación o como le quieran llamar le alcanza hasta para los nietos, y una cifra con muchos ceros, ni en sus más inverosímiles sueños un obrero común verá en cien vidas... ¿A quién me refiero, a los políticos o a los dirigentes y jugadores del futbol mexicano?

Para muestra un botón: el ejemplo del Fobaproa es insultantemente ejemplar: rescatar a los banqueros que en su vida y no sé en cuántas más no sufrirán por las crisis de nuestro país; pero, los obreros lo terminarán pagando.

El obrero, campesino, albañil u oficinista, siempre padecerán las ineptitudes culturales, políticas y morales de los políticos, y éstos, ni sudan ni se acongojan: restaurantes caros, trajes importados, carros del año y demás comodidades de primer mundo como si en verdad lo valieran; y todos los partidos están cortados con la misma tijera, o ¿acaso los perredistas que se llevan la mano a la boca al saber de las injusticias de nuestro país se bajaron el sueldo a la mitad? ¿No votaron junto con azules y tricolores la reforma educativa?

Es increíble como el aficionado "que vive la intensidad del futbol" sigue acudiendo a los estadios, aplaudiendo al equipo de sus amores, comprando las camisetas "originales"; por ejemplo; el futbolista llanero tiene la ignorancia de vestir camisetas con logotipos de Telcel, Corona, Modelo, Samsung, Nike, etcétera, sin darse cuenta que les hace publicidad ¡gratis! Mientras, el dirigente y jugadores juegan con su infantil y ridícula fidelidad a tal o cual equipo: ¿o acaso no hay jugadores que juegan en equipos que supuestamente se odian? Y dicen que es profesionalismo...

Ahora que el "equipo de todos" (me encabrita que me incluyan los merolicos de televisa) está al borde de la eliminación, ¿los jugadores padecerán las inclemencias de la crisis nacional? ¿Su canasta básica tendrá una merma? ¿Su automóvil del año padecerá la crisis? ¿Sufrirán económicamente por la eliminación de México?

Ni jugadores, ni directivos futboleros, ni mucho menos políticos padecen ni padecerán las inclemencias del país. Comparativamente, son iguales de ineptos ambos gremios; pero nosotros, lector, somos pueblo y necesitamos compararnos con otro pueblo que se haya quitado el yugo de semejantes incapacidades... usted y yo, tenemos la palabra...