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Enrique Velázquez Martínez

Claroscuros de mi país

 

Por: Enrique Velázquez Martínezvolcan  popo

¿Quién son los responsables del futuro de los niños y la juventud? Muchas veces se ha dicho, y con cierta razón, que los niños no son el futuro de México, sino el presente. Es verdad, como también es verdad que de acuerdo a la educación que reciban - paterna, escolar y social -, el futuro de estos infantes será determinante. Es decir, si unos padres, alimentan, instruyen, educan, enseñan, guían, alientan pueden convencer a sus hijos, que los sueños pueden hacerse realidad.

Como siempre, la excepción hace la regla. Es verdad que algunos niños se desvíen de ese camino tan prometedor que les mostraron los padres, pero, la lógica indicaría que los infantes criados con lo antes señalado, tendrán un futuro alentador, podrán ahora ellos guiar al país, educarlo, encauzarlo, engrandecerlo y sentirse orgullosos de pertenecer a su país, y el país se sentirá orgulloso de tener hijos tan capaces.

¿A dónde quiero dirigir lo anterior escrito? Pues que esos infantes, que en el futuro serán profesionistas, son el reflejo de los que en su núcleo familiar se les enseñó. Una institución educativa: UNAM, IPN, UDLA, por decir algunas, están orgullosas de los “hijos” que educó. Una escuela secundaria ejemplar, estará orgullosa de los alumnos que preparó. Una escuela media superior también se enorgullecerá de los alumnos que hayan pisado sus aulas y quieran seguir estudiando.

Una vez egresados y enrolados en las instituciones del país, tenemos el deber moral de hacer lo mismo con las bases socioeconómicas del país, que se sienta nuestra presencia y, en un futuro mediano, el país y nosotros tengamos un orgullo mutuo.

Pero, ¿qué pasa cuando ese engranaje falla desde el principio: infancia, adolescencia, madurez? Sencillo: ya no hay orgullo, sueños ni futuro. Todo se vuelve frustración e impotencia… y si me debiera sentir orgulloso de que los hombres que “dirigen” al país tienen una capacidad moral, académica y cultural para ocupar los puestos más significativos del país, mis sueños, mi orgullo por mi país se desmoronará…

Estupefacto, congelado, petrificado me quedo cuando leo, miro y analizo las atrocidades realizadas por quien fuera el máximo exponente de nuestro poder judicial nacional. El mangoneo, la altivez, altanería y prepotencia para sacudirse un par de procesos y evitar cumplir con su deber para la manutención de ¡sus hijos!... Genaro Góngora Pimentel, eres una vergüenza para mi país.

Otro elemento vomitivo es quien fuera secretario de Seguridad Pública y poseedor de un cinismo envidiable para cualquier aspirante a malandrín, Genaro García Luna, también es una vergüenza nacional. Hizo lo estrictamente necesario para enrolarse con los cárteles mexicanos y amasar una fortuna y cínicamente le dice a Fernández Noroña: “es que siempre he trabajado”…

Aquella pseudo investigadora, quien con uñas y dientes defendía un hueso en el gobierno capitalino, pero que eufemísticamente le llaman rectoría de la UACM, también fue patético su caso, defendiendo lo indefendible y además su título nunca se encontró en los archivos oficiales; también entra en las vergüenzas mexicanas… y qué me dicen del ex presidente que “ganó” en las urnas “haiga sido como haiga sido”, o su predecesor quien en su vida supo ni sabrá por lo menos a qué huele un libro. O aquélla diputada que “por su… fuero” (es eufemismo, por no decir una barbaridad), quería abordar un avión a pesar de llegar retrasada y se descaró en vituperios contra la modesta empleada.

Ejemplos sobran, lo frustrante del caso, es que estos sujetos son, más bien debieran ser parte fundamental de nuestro país, y es cuando la frustración e impotencia causan estragos: ¡¡en manos de quién está nuestro país!!

Sabemos que es difícil erradicar esas cucarachas (es que es el término correcto) de nuestro país, pero, por lo menos, este servidor y muchos más que piensan similar, cada día hacemos lo posible e imposible por nuestro país, con nuestros alumnos y con nuestros hijos.