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Enrique Velázquez Martínez

Escribir o no escribir / Opinión de Enrique Velázquez Martínez /

 SER O NO SER/

Escribir o no escribir/

Después de casi dos meses de estar ausente y ante la petición de los crecientes y exigentes lectores, pues heme aquí otra vez tecleando para el respetable lector.

Esta vez, puede ser un parteaguas para ustedes estimados, necesarios e importantes lectores, y para un servidor. Resulta que me había prometido ya no escribir más... ¿Para qué? ¿Acerca de qué? ¿Adulando a qué o a quién? ¿Atacando a qué o a quién? ¿Ensalzando a qué o a quién?

Empiezo con una analogía histórica. En la época del renacimiento, los precursores de la ciencia e intelectualidad de los posteriores siglos, entre ellos, Galileo Galilei, veían con incredulidad los rostros ignorantes e impasibles de sus contemporáneos. No podían creer que la raza humana estuviera sumida en una terrible ignorancia por casi 15 siglos: ¿cómo era posible que se creyera que el mundo era plano y a su vez sostenido sobre cuatro elefantes, a su vez sostenidos por una tortuga? No se necesitaba mucho. Era sólo una observación somera del cielo, las estrellas, el mar y el horizonte; era aplicar el sentido común y mirar el comportamiento del tiempo y la naturaleza. Sin embargo, cuando quisieron abrir los ojos de sus semejantes, instruirlos, educarlos, la estúpida ignorancia de la inquisición les desprendió la cabeza de su cuerpo. Galileo tuvo que retractarse de sus afirmaciones para mantener la suya. Es decir, algunos cuántos que se interesaron por utilizar el sentido común en pro de la superación humana fueron asesinados o amenazados de muerte.

En la actualidad, algunos amigos de la pluma, bueno, ahora del teclado, y que ejercen esa peligrosa vocación periodística o de observar al mundo y aplicar el sentido común, observan cosas: elefantes que sostienen a un mundo inexplicable y demás incoherencias en la política, sociedad, deporte, medicina, industria, etcétera, etcétera. Situaciones que, increíblemente casi nadie ve, a pesar de poder ser descubiertas con un poco de lógica elemental. Y además, si estos escribanos emprendedores van más allá del sentido común, son guillotinados; otros, amenazados con despojarlos para siempre de este globo terráqueo.

Existen muchos como este servidor, unos, tres metros bajo tierra; otros, perdidos en la cenizas de una caldera; otros más, deambulando en una tierra desconocida, algunos menos, escondidos y amenazados en su propia tierra. Y yo, como todo un tecleador cobarde, me he rehusado a seguir escribiendo.

Y para redondear la analogía, la gota que derramó el vaso fue la reciente lectura del libro "Los señores del narco", de Anabel Hernández. Todo mexicano en su sano juicio, con apenas un dedo de frente, puede darse cuenta que los dineros en México no están bien repartidos. La balanza es brutal en cuanto a su inclinación: unos cuantos tienen ingresos exorbitantes, mientras que millones de mexicanos tienen que padecer y pagar los excesos de unos cuantos. También puede darse cuenta que la política y sus imitadores (que no políticos), navegan entre el cieno y el fango, su perorata, lenguaje, discurso disfrazado de cínicas y melosas palabras causan nauseas desde que se crearon las instituciones en aquel lejano 1930.  La educación primaria y secundaria está también en una tremenda crisis y cualquier padre de familia puede constatarlo. Y qué decir del deporte-religión-enajenación llamado futbol: es un excelente negocio particular donde, otra vez, unos cuantos se hinchan de dinero, salpican un poco a los jugadores, quienes  vendrían siendo su materia prima, para que el último eslabón de la cadena sea el que viene manteniendo a los dueños de este jugoso negocio: el pueblo enajenado de futbol. Miles, más bien millones, se desviven por defender los colores del "equipo de sus amores", y les son fieles hasta la muerte (he asistido a sepelios, donde al féretro lo cubren con una bandera del América, Chivas o Cruz Azul), mientras que jugadores, directivos y dueños, les importa un reverendo pepino eso de "equipo de mis amores". Así, se han visto rondar en un equipo y otro a jugadores que "como son unos profesionales", bien pueden embolsarse una buena cantidad de dinero... ¿y la fidelidad de sus seguidores? Bien, gracias... profesionalismo... ¡váyanse mucho, pero mucho muy lejos!... y de todo esto no es difícil darse cuenta, porque en un capricho del psicoanálisis, cuando alguien te dice datos, fechas, cantidades, lugares, personajes involucrados que el preciado lector ni se imaginaba, el golpe anímico es brutal. ¿Cómo puede ser posible que algo que se intuye no causa tantos estragos emocionales, pero sí lo hace unos datos fidedignos o casi fidedignos? No lo sé, pero, comprensivo lector, así me sucedió.

Lamentablemente mi constitución sanguínea, hepática, cardiaca o neuronal, donde sea que se encuentren las emociones, no es de los "tamaños" de los grandes. Esa pasividad y elocuencia de Juárez, lo ambidiestro de Morelos: bueno para la pluma y el machete; la intelectualidad del maestro Vasconcelos; la sinceridad y firmeza del gran Gahandi; la valentía de Guevara, y muchísimo menos, la grandeza espiritual de Jesús el esenio, es un sueño lejano... lejanísimo, para yo rasguñar apenas su grandeza. Aunque este servidor, sea una mala caricatura de estos inmensos personajes, lo prefiero así, antes que parecer un lamebotas como muchos, muchísimos que abundan en los medios de comunicación y en la deprimente política nacional...

Por eso, apreciado lector, mi advertencia de que puede ser un parteaguas con usted: necesario lector. Si ya de por sí, tenía animadversiones con amigos, conocidos y desconocidos que me inundaban de mentadas, caracolitos y viboritas, ahora, me mandarán muchísimo más lejos que la esperanza de tener un próspero país. Mi valentía se ha vencido, se ha convertido en amargura, impotencia, y pasividad; se ha topado ante la arrogancia, mentira, altivez, hipocresía, cinismo, voracidad, insatisfacción, ineficacia e ignorancia de nuestra clase empresarial, medios de comunicación, nuestra clase política, nuestro deporte, el futbol y sus respectivos aduladores... ahora sólo es frustración.

Me rehúso a seguir escribiendo, a seguir escribiendo en relación a la política, o lo que se ha convertido la política en mi país. Necesito un tiempo, no sé cuánto, para asimilar el presente, caminar, leer y escribir sin que a mi mente lleguen palabras terribles como Televisa, TV Azteca, Iglesia Católica, Testigos de Jehová, toda la gama de (pseudo) Cristianos, Ciro Gómez, Ricardo Alemán, Daniel Bisogno, El burro Van Rankin, Paty Chapoy, Laura Bozo, Rocío Sánchez, Javier Alarcón, El América, El niño Verde, PVEM, PRI, PAN, PRD (por supuesto, todos y cada unos de los políticos que integran las anteriores siglas), Vicente Fox, Felipe Calderón, Marta Sahagun, Los hijos de Martita, Luis Videgaray, Carlos Romero, Carlos Slim, Camel Nacif, el gober precioso, René Bejarano, Carlos Salinas and Co, Lorenzo Servitge y su inofensivo osito bimbo, Elba Esther Gordillo, Andrés Granier y su precioso tesorero, etcétera, etcétera, etcétera. Si alguien siente que no lo tomé en cuenta, favor de incluirse.

Tengo esperanza de mantener a ciertos lectores, quisiera que fueran todos, porque mi temática va a cambiar. Escribiré ensayos de temas diversos sin tocar los temas arriba mencionados, tal vez por ahí algunos cuentos y fragmentos de novela. No hay remedio, perdón por mi pesimismo, pero creo que ese corto listado arriba escrito no tiene remedio y mi masoquista país los llevará como lastre por no sé cuántos años más.

No sé hasta cuánto tiempo les alcance a los empresarios seguir explotando inmisericordemente a su clase trabajadora, ni por cuántos años más permanezca el engaño en los medios masivos, ni cuánto tiempo la educación seguirá arrastrando su gloria, ni siquiera cuánto más mi país despertará de ese marasmo y exigirá, no el poder, sólo jus-ti-cia... ¿O será mucho pedir?