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Carlos Velázquez Martínez

Casualidades de trifulcas legislativas

    IMG 20171024 WA0061Aquella ocasión, hasta Martita Arredondo, la secretaria parlamentaria del Congreso del Estado de Sinaloa, fue llamada a comparecer en la Procuraduría de Justicia del Estado.

            Ella, ni siquiera había estado durante la trifulca. Y así quedó asentado en su declaración.

            Y es que la mañana de aquel viernes de noviembre de 1981, el recinto legislativo de la Cámara de Diputados – que funcionaba entre las calles de Donato Guerra, Antonio Rosales y Ángel Flores - amaneció desquiciado, con las curules estropeadas y las banderas derribadas entre la alfombra gris y el centenar de butacas destinadas para el público.

            El diputado del PRI, Mario Alfonso Niebla Álvarez, presidente de la Cámara responsabilizó a los diputados de oposición – los primeros de aquella LI Legislatura de Sinaloa (1980-1983): Audomar Ahumada Quintero, del PSUM; Rigoberto López Alarid y  Zenen Xochihua Valdez (padre del actual diputado Zenen Aarón), del PAN y Adolfo Salazar García (PARM), de haber azuzado a estudiantes de la Universidad Autónoma de Sinaloa a generar caos durante la sesión ordinaria del jueves.

            Los diputados del PRI presentaron denuncia en la PGJE y hasta llevaron al notario público, Horacio Gastelum, a que diera fe de lo que había encontrado en el recinto legislativo. Y fueron más allá, al solicitar el desafuero de los diputados de oposición por “haber hecho apología del delito, por injurias, amenazas y difamación”

            Todo fue por aquella iniciativa  que presentó el entonces gobernador Antonio Toledo Corro para reformar la Ley de Educación Pública del Estado mediante el Decreto Número 16, para que el Impuesto del 10 por ciento adicional para la Universidad Autónoma de Sinaloa fuera modificado por el 10 por ciento Pro Educación Superior.

            Los universitarios apoyados por la diputación del PAN se oponían a esa reforma con el argumento de que Toledo les quería despojar de las escuelas preparatorias para crear los Colegios de Bachilleres y les  quería reducir el subsidio a la UAS, de 34 millones a 21 millones de pesos.

            Ese jueves de noviembre, durante la sesión ordinaria se discutía la iniciativa y en el recinto había universitarios alterados, gritando consignas contra los diputados priistas, mientras en la tribuna, los diputados del PAN protestaban. Se alteró el orden, y el presidente de la Cámara, en lugar de suspender la sesión, invitó a los diputados a la planta alta para continuar la asamblea.

            Allí se inició la trifulca, los panistas fueron injuriados, vejados por personal del Congreso y por los mismos priistas. Los universitarios sitiaron el edificio del Congreso y los diputados estuvieron prácticamente secuestrados durante seis horas. El presidente de la Cámara llamó a López Alarid para que saliera a calmar los ánimos universitarios, a lo que el panista se negó.

            Al caer la noche, la situación se calmó y todos se retiraron del lugar, salvo algunos diputados del PRI que lideraba Mario Niebla Álvarez. Ya entrada la noche quedaron solamente Niebla con sus auxiliares José Rosas Aispuro (ahora gobernador panista de Durango), Luis César González, Carlos Ojeda y dos o tres diputados más, de su grupo parlamentario.

            ¡La sorpresa apareció el viernes!    

            Los periódicos locales daban cuenta de la noticia: “…Al abrir el recinto legislativo, personal del Congreso se percató de que fue profanada la bandera nacional…”

            La Liga de Comunidades Agrarias de Sinaloa publicó un desplegado en los diarios locales en que señalaba “…la serie de actos vandálicos, fuera de toda ley, provocados por el diputado del Partido Comunista y los del PAN…provocada por la enardecida turba de seudoestudiantes, azuzados por los diputados comunistas y de Acción Nacional…se les aplique todo el peso de la ley, sin más contemplaciones”

            Esa situación daba pie para presentar denuncia y solicitar desafuero de los diputados que incitaron a la violencia, profanaron los símbolos patrios y traicionaron a la Patria…

            ¡Qué casualidad! ¡Qué casualidad! expuso Esteban Zamora Camacho, diputado federal, en el Congreso de la Unión durante una discusión del tema entre legisladores federales.

            Hubo acuerdos posteriores y no hubo desafueros, ni consignaciones. Finalmente se crearon los Cobaes (42 escuelas preparatorias con una inversión de 430 millones de pesos) y la UAS siguió recibiendo su subsidio…

            Y ahora, casualmente, se manifiestan trabajadores de la educación. Y casualmente un grupo de demandantes de prestaciones son apoyados por diputados de la oposición (del PAN, PRD y MORENA). Y casualmente, diputados del PRI hacen alarde de autoritarismo, prepotencia y cinismo, mediante el acarreo  de personas ajenas a demandas laborales.

            Y casualmente, algunos medios de comunicación describen hechos contrarios a lo que realmente ocurrió el martes 24 de octubre en el recinto parlamentario del Congreso de Sinaloa.

            Lo que no es casualidad, que el PRI este aliado con el Partido Sinaloense (PAS) subsidiado por la UAS.

            Ironías de la vida política de Sinaloa.

(Más comentarios de Carlos Velázquez en www.sinaloaes.com)